Al analizar la calidad de la educación, es indudable que la palabra evaluación será fundamental para acercarse a ella, con lo que “la calidad de la educación depende, en buena medida, de la rigurosidad de la evaluación y evaluar no siempre resulta fácil, pero es siempre ineludible”. Esta rigurosidad no debe entenderse como inflexibilidad o exigencia desmedida a la hora de evaluar, es más bien una posición crítica y reflexiva frente al papel de la evaluación en los procesos educativos.
Sin duda, es innegable el hecho de que la evaluación se convierte, en muchos casos, en el puente o conector primordial del proceso enseñanza- aprendizaje. Al hablar sobre evaluación, se está hablando al mismo tiempo de una serie de aspectos que van más allá de unos resultados cuantitativos mediante los cuales se pretende determinar “que tanto han aprendido” los estudiantes, sino que a la vez le permite al docente valorar su propia labor y reflexionar en torno a ella para reorientarla y corregirla, de manera que contribuya, significativamente, a mejorar los procesos de enseñanza en el aula para promover un mejor aprendizaje.
Si bien estos resultados son importantes para conocer el nivel de adquisición de ciertos conocimientos y habilidades, constituyen sólo uno de los elementos que forman parte de la evaluación en sentido más general. De esta forma, los resultados de las pruebas deben representar un punto de partida para que los docentes reflexionen en torno a las prácticas evaluativas y a las prácticas de enseñanza que están llevando a cabo, procurando que aquello que se hace en el aula sea significativo y promueva al mismo tiempo actitudes de compromiso, interés y responsabilidad en los estudiantes, que conllevarán a un aprendizaje significativo y de largo plazo.
Según mi opinión, la evaluación debe realizarse de forma individualizada y personalizada para obtener la mayor información posible sobre la evolución de cada alumno teniendo en cuenta su capacidad personal. Será también continuada e integrada durante el transcurso de la clase, lo que nos permitirá obtener la información sobre la evolución de los alumnos, sus dificultades y progresos, con lo cual se hace más asequible proporcionar la ayuda necesaria en cada momento.
Sin duda, es innegable el hecho de que la evaluación se convierte, en muchos casos, en el puente o conector primordial del proceso enseñanza- aprendizaje. Al hablar sobre evaluación, se está hablando al mismo tiempo de una serie de aspectos que van más allá de unos resultados cuantitativos mediante los cuales se pretende determinar “que tanto han aprendido” los estudiantes, sino que a la vez le permite al docente valorar su propia labor y reflexionar en torno a ella para reorientarla y corregirla, de manera que contribuya, significativamente, a mejorar los procesos de enseñanza en el aula para promover un mejor aprendizaje.
Si bien estos resultados son importantes para conocer el nivel de adquisición de ciertos conocimientos y habilidades, constituyen sólo uno de los elementos que forman parte de la evaluación en sentido más general. De esta forma, los resultados de las pruebas deben representar un punto de partida para que los docentes reflexionen en torno a las prácticas evaluativas y a las prácticas de enseñanza que están llevando a cabo, procurando que aquello que se hace en el aula sea significativo y promueva al mismo tiempo actitudes de compromiso, interés y responsabilidad en los estudiantes, que conllevarán a un aprendizaje significativo y de largo plazo.
Según mi opinión, la evaluación debe realizarse de forma individualizada y personalizada para obtener la mayor información posible sobre la evolución de cada alumno teniendo en cuenta su capacidad personal. Será también continuada e integrada durante el transcurso de la clase, lo que nos permitirá obtener la información sobre la evolución de los alumnos, sus dificultades y progresos, con lo cual se hace más asequible proporcionar la ayuda necesaria en cada momento.
Para la obtención de información del proceso de evaluación se debe plantear la objetividad del mismo, premiar la motivación, el interés, el trabajo individual del alumno y combinarlo con la elaboración de pruebas escritas o trabajos de investigación adaptados a su nivel.
Sin ir más lejos, para evaluar el desempeño de un estudiante sugiero un mecanismo de evaluación, el cual consta de dos etapas:
1) Observación en el aula: etapa que involucra en primer lugar la realización de ejercicios propuestos, seguida por la participación en las actividades y finalmente la actitud, el comportamiento, el interés y la motivación que manifiestan los alumnos.
2) Trabajos y pruebas escritas: etapa que incluye trabajos de investigación dirigidos, los cuales pueden ser individuales o en grupo y la realización de pruebas subjetivas -cuestionarios, exámenes, etc.- bien al final de cada unidad didáctica o al final de cada trimestre y/o semestre según corresponda.
Sin embargo, en cada momento y situación podremos actuar mediante una:
a) Evaluación inicial que nos permita detectar los conocimientos previos de los estudiantes, sus posibles alteraciones o disfunciones, así como su disposición, interés y motivación respecto de la asignatura en general y respecto a los contenidos de la misma.
b) Evaluación formativa que, realizada a lo largo del proceso educativo, nos informará de la necesidad o no de realizar ajustes en la programación con respectos al grupo entero o con respecto a los alumnos individualmente; se facilitará además los mecanismos para que el alumno realice una autoevaluación formativa integrada en su proceso de aprendizaje.
c) Evaluación final que determine hasta qué punto se han conseguido las intenciones educativas que se habían propuesto y valora los resultados del aprendizaje para comprobar si alcanza el grado de desarrollo deseado, que además facilite a los profesores información sobre su actuación educativa y permite tomar decisiones al respecto; que implique al alumno el proceso de autoevaluación y por último la orientación personal educativa, académica y profesional, en la medida de lo posible.
Para finalizar, cabe mencionar que la evaluación de los estudiantes debe ser un proceso transparente y que al mismo tiempo debe reflejar las virtudes y defectos tanto de estudiantes como de profesores. No obstante, convertir la evaluación en un proceso integral e integrador, que sea de carácter formativo y que contribuya a mejorar la calidad de los procesos educativos, implica modificar las concepciones tradicionales y los esquemas rígidos de enseñanza y evaluación en los cuales las actividades evaluativas, más que convertirse en un puente de comunicación entre docentes y estudiantes para identificar debilidades, dificultades y opciones de mejoramiento, son un mecanismo de poder y control para los primeros y una forma de sometimiento e intimidación para los segundos.
1 comentario:
Estimado Francisco:
CLARIDAD DE EXPRESIÓN: Buena redacción y ortografía. Existe coherencia en el texto. Manejas fuentes de información
COMPRUEBA LO QUE PIENSA ARGUMENTANDO SÓLIDAMENTE LO QUE DICE: Muy buena argumentación en tu comentario.
LOGRA PERSUADIR AL LECTOR: Hay fluidez al expresar lo que crees, existe convencimiento en lo que piensas, pero no logrando persuadir a los lectores.
CALIDAD DE LA REFLEXIÓN: Realizas críticas, con sus posibles soluciones, pero indicando ideas conocidas, dedica más tiempo a buscar soluciones nuevas. Es muy bonito lo que planteas, pero personalmente, ¿lo llevarás a la práctica?.
COMPROMISO CON LA AUDIENCIA: Escrito correctamente en primera persona, escribes para los potenciales lectores de la red.
Tu nota es un 88
ATTE:
LA PROFESORA
Publicar un comentario